Las Nieblas de Huancabamba de David Villegas Cabadas

Las Nieblas de Huancabamba. Autores Premiados. David Villegas CabadasCharlando con David Villegas Cabadas en la Feria del Libro de Moralzarzal, me comentaba en respuesta a mi observación «se ha notado que tú hoy jugabas en casa», que sobre todo se sentía asombrado y también conmovido de que la gente «se esfuerce en mantener viva una novela que vio la luz ya hace 4 años». Este dato tengo que reconocer que hizo que se me encendiera la luz de alarma en el cerebro, y tiré de trampa. Necesitaba situar al autor, aprovechando que lo tenía delante:

– Eso es lo que llaman ahora un «long seller»…-dejé caer el comentario.

Él posó en la mesa su caja con alguna Niebla de Huancabamba en su interior, dejó que su cerebro reposara la respuesta, giró su mirada hacia la izquierda del entorno y contestó:

– No lo sé, pero estoy agradecido, me sorprende.

Y se situó de la manera correcta. Esquivó la trampa. 

 

El lunes, con el café de la mañana, ataqué esta novela corta de terror que el jurado del Premio de Ciudad de Utrera declarara ganadora en su primer certamen.

 

Mi primer contacto con la literatura de terror fue con los cuentos de Edgar Allan Poe y a muy temprana edad, lo que me ha permitido ir coleccionando ediciones y traducciones, además de por supuesto, haberlos disfrutado en su lengua original. Flota desde la primera frase del prefacio de Las Nieblas de Huancabamba, esa fatalidad maravillosa que presenta a los personajes, sobre todo al protagonista, como sacrificado inmutable. Poe creaba personajes como quien cría ratones para alimentar serpientes, y ese creo que era parte de la eficacia de su terror: la exhibición de belleza. También hay en la obra de David Villegas Cabadas, el leitmotiv femenino, la imagen de la mujer y del amor como  mecha de la fatalidad interior del protagonista, a menudo la locura, la neurosis, la soledad.

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«Vale, es Allan Poe» me dije, lo es hasta su página noventa y pico en la que sucede su fin. Y me sorprende. Si el bostoniano del siglo XIX ya era considerado un literato ajeno al momento social que le rodeaba, un prófugo del estilo de novela que se daba entonces, ¡cuánto más un autor nacido en 1973! Esto hace que hable de Las Nieblas de Huancabamba como de una obra divorciada de esta época, una pieza de museo en la que cada palabra se percibe sometida a un exhaustivo estudio de estética e intenciones. A lo mejor es esta la razón de que el lector la busque 4 años después de su publicación: la atemporalidad.

 

En cuanto a mí, presa de este agradable descubrimiento, he vuelto a quedar atrapada en “el bucle de Poe”: « ¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen…y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.» (El Corazón Delator. Edgar Allan Poe)

 

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